La fecha de caducidad de la tecnología u obsolescencia programada se llama a la planificación del fin de funcionamiento de los aparatos electrónicos que les programan los fabricantes. Desde los cartuchos de tinta de las impresoras a las bombillas, pasando por los coches y sin olvidarnos de los teléfonos móviles y sus baterías. Por ejemplo, una lavadora convencional se dice que no aguanta más de 2500 lavados y aun intentándolo es muy difícil arreglarlo, es por eso que nos recomiendan comprarnos otra “que nos va a salir más barato”. Un antiguo caso de la empresa Apple fue denuncia por los consumidores por la corta vida de las baterías de sus reproducciones de música. La empresa acabó aumentando la garantía del producto, pero ¿para cuándo han programado la próxima muerte de ese dispositivo? ¿Para dentro de 3 años en vez de 2?

Esta nueva cultura de coger elementos primarios, crear con ellos el producto y después de su uso tirarlo a la basura, conocido en Estados Unidos como “take – make – dispose”, está generando una ingente cantidad de basura y desperdicios que ayuda a la destrucción del planeta Tierra. En vez de seguir esa “economía lineal” podemos seguir la que muchos organismos medioambientales están fomentando, la “economía circular”. Esta forma de fabricar recoge antiguos elementos, los convierte en “materia prima” y vuelve a construir otro producto. Esto tiene que ver mucho con el reciclaje que tanto estamos escuchando estos últimos años. Cuando hablamos sobre obsolescencia programada, no nos podemos olvidar el ejemplo de la bombilla eterna. Ciertos fabricantes de bombillas como Philips, Osram y General Electrics, acordaron que la vida de las bombillas no podían superar las 1.000 horas de uso. Pero se sabe que las bombillas pueden aguantar por lo menos 115 años encendidas casi de manera ininterrumpida. Tiene unos factores que ayudan a la prolongación de su vida como por ejemplo un voltaje inferior y que nunca se enciende ni se apaga. Esta bombilla instalada en el 1901 sigue brillando y seguirá brillando, o eso esperan sus dueños, los bomberos del Parque de Bomberos de Livermore. Tiene instalada una webcam por la que se puede seguir su vida (http://www.centennialbulb.org/cam.htm)

Si, como vemos, es posible crear productos eternos, ¿Por qué no los crean? Bueno, la respuesta es fácil y creo que todos la sabemos, el dinero. En vez de mejorar el entorno limpiándolo de basura lo que estamos creando es un planeta vertedero que dentro de unas décadas tendremos que evacuar en una nave espacial enorme y dejar que se convierta en un vertedero aun mayor y sin vida humana. Puede que “viva” algún que otro robot. Coménta y gracias por seguir leyéndome otro jueves más y espero que te haya gustado. Mándame tus fotos de paisajes con el nombre del lugar y #HHHFotos como asunto a HistoriasConHacheDeHerce@gmail.com y por twitter. Entérate de todo y sígueme en mis redes sociales: Twitter (@MikelHerce97), Facebook (@MikelHerce97), Instagram (@MikelHerce97).

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3 comentarios sobre ““LA TECNOLOGÍA TIENE FECHA DE CADUCIDAD”

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