Me propuse terminar un proyecto para dentro de un mes, y me puse una fecha límite para meterme prisa y terminarlo. ¿Qué ocurre? Estamos a 2 de noviembre y todavía no lo he acabado, entonces, ¿qué? ¿He fallado? Bueno, por una parte sí, pero por otra, no he parado y además no quiero terminarlo así por así; rápido, sin ningún sentido. Solo acabarlo por acabarlo, dando igual el resultado. Llegará ese día que me había marcado en el calendario, 7 de diciembre, y pasará sin más pena que gloria. Cómo otro día cualquiera, pero ese día podía haber sido diferente para mí.

Y ahora, ¿qué? Pues nada, me pondré otra fecha, que espero que sea la última, ya que ya va siendo hora de terminarlo. Dos meses más me doy de plazo, sí, y lo digo aquí, para febrero de 2018 quiero tenerlo acabado. y ¿qué es? Ahhh, sorpresa. No he dicho nada a nadie todavía, pero llegará, sorprenderá y gustará (espero).

Ha sido mucho trabajo pero lo quería hacer ya desde hace tiempo, así que cuando llegue el día (que espero que sea en febrero de 2018) os lo enseñaré. Esto me vale para aprender a que ponerme fechas límite es bueno para trabajar con presión, pero es importante que el resultado final sea bueno. Siempre digo que hay que anteponer la calidad de lo realizado, más que a la fecha.

Gracias por seguir leyéndome otro jueves más y espero que te haya gustado. Mándame tus fotos de paisajes con el nombre del lugar y #HHHFotos como asunto a HistoriasConHacheDeHerce@gmail.com y por twitter. Entérate de todo y sígueme en mis redes sociales: Twitter (@MikelHerce97), Facebook (@MikelHerce97), Instagram (@MikelHerce97) y el instagram artístico (@Hercephoto).

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